Cuarentón

En mi última sección radiofónica grabada como treintañero, he optado por hacer un ejercicio de humildad, echando un vistazo a las obras que estaban creando algunos de mis genios preferidos cuando rondaban la cuarentena. Se siente uno muy pequeño viendo lo que hicieron estos gigantes, pero al menos se endulza con buena música el inexorable avance hacia la senectud.

 

 

Bach, por ejemplo, estaba inmerso en la composición de sus ciclos de cantatas y ya había escrito la Pasión según San Juan al llegar a los 40. Del mismo modo, Richard Strauss se había consolidado como compositor de óperas de referencia con Salomé, y Britten ya había recibido el encargo de saludar la coronación de la reina Isabel II de Inglaterra con Gloriana. Otros, como Schubert y Mozart, se marcharon antes de llegar a cuarentones y, aún así, nos dejaron un corpus increíble. Antes de los 40, Messiaen ya había conocido el sufrimiento de la segunda guerra mundial en sus propias carnes, lo que plasmó en su Cuarteto para el fin de los tiempos. En España, a los cuarenta Tomás Luís de Victoria regresa a Madrid tras una fenomenal y aún no superada proyección internacional. Es entonces cuando entra al servicio de la hija de Felipe II, para la cual compondrá su Officium Defunctorum. Granados, por su parte, ya era bien conocido en los escenarios europeos y la había emprendido con el poema sinfónico Dante.

Deja un comentario