Ach Gott, wie manches Herzeleid, BWV 3

La cantata BWV 3 de Bach, estrenada dos semanas después de la Adoración de los Reyes, oscila constantemente entre el dolor y la esperanza.

Proactiva Open Arms
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Es curioso ver cómo evolucionan los gustos musicales: hoy en día la cantata BWV 3, Ach Gott, wie manches Herzeleid, parece que no nos llama especialmente la atención. Hay pocos comentarios publicados, los que hay tienden a ser breves, y algunos autores de monografías sobre Bach no le dedican mención alguna. En cambio, en 1850, cuando se empezó a publicar la integral de las cantatas por primera vez, los expertos del momento la incluyeron en la selección de las diez que conformaron el primer volumen, llamado a ser un muestrario del corpus bachiano. Sic transit gloria mundi… Con todo, tiene interés, y es comprensible que fuera incluida en tan destacado lugar. Cromatismos, diálogos y el dúo para soprano y alto son, en mi opinión, los puntos fuertes.

Para ilustrarla no he escogido una obra de arte, sino una imagen de actualidad. La cantata, como las lecturas bíblicas a las que se refiere, habla de las dificultades para llevar una vida virtuosa y nos anima a cuidar del prójimo. Estos días, los barcos de Proactiva Open Arms están parados porque sus acciones son, dicen algunos, ilegales. Disculpadme, pues, si concluyo la introducción haciendo notar que la obra de Bach nos interpela a través de los siglos, como si nos preguntase: “¿Qué sociedad hemos construido, esta en la que ayudar al prójimo es delito?”

El estrecho camino hacia la salvación

La epístola de San Pablo a los creyentes de Roma los exhorta:

“Aborreced el mal y abrazad el bien. Amaos de corazón unos a otros como hermanos y que cada uno aprecie a los otros más que a sí mismo. Si se trata de esforzaros, no seáis perezosos; manteneos espiritualmente fervientes y prontos para el servicio del Señor. Vivid alegres por la esperanza, animosos en la tribulación y constantes en la oración. Solidarizaos con las necesidades de los creyentes; practicad la hospitalidad; bendecid a los que os persiguen y no maldigáis jamás. Alegraos con los que están alegres y llorad con los que lloran”.

Sobre el papel parecen tareas fáciles, pero la experiencia nos demuestra que no suele serlo llevarlas a cabo. Se trata de un texto contundente, pero también bello, pulcramente escrito en la versión de la Vulgata: spe gaudentes, in tribulatione patientes, orationi instantes… No es de extrañar, pues, que Bach escogiese como comentario uno de los corales que más apreciaba, Ach Gott, wie manches Herzeleid. No siendo un coral muy común en las cantatas de otros autores, Bach lo usa en diversas ocasiones a lo largo de su vida. Se trata, pues, de una elección y una inclinación muy personales hacia esta melodía y este texto, fruto de su propio estudio y reflexión teológicos.

En la primera estrofa del texto -escrito por Martin Moller-, aparece una palabra que pronto se revela como la clave para entender qué nos está diciendo Bach: schmale, estrecho. El camino hacia el cielo es estrecho y angustioso, dice. Aquí encontramos la piedra angular de la cantata, ya que al aparecer esta palabra empiezan a destacar los cromatismos que nos van a acompañar a lo largo de todo el recorrido. ¿Qué mejor manera de ilustrar las estrecheces del camino que con la distancia más pequeña que puede haber entre dos notas consecutivas de una melodía? Los cromatismos, con todo, estaban ya presentes en la introducción orquestal, con dos oboes d’amore solistas que van pasándose el tema entre ellos -ya habíamos apuntado que los dúos y los diálogos son las otras señas de identidad de esta cantata-. También se encuentran en los primeros versos del coral, pero es aquí donde se cargan de significado semántico y retórico. Otro elemento que veremos repetido es el intervalo descendente, que recuerda un suspiro a varios autores, en el acompañamiento de los dos oboes, a cargo de la cuerda.

Un recitativo dialogado entre coro y solistas

El coral da paso a un recitativo estructurado como un diálogo entre el coro y cuatro solistas vocales. El cambio de carácter respecto al coral inicial es casi brusco. Tenemos que tener en cuenta que esta cantata, en el marco de la programación del segundo ciclo, se insertó en el segundo domingo tras la Presentación (esto es, la adoración de los Reyes Magos), que en 1725 fue el día 14 de enero. Venimos, pues, de las celebraciones del nacimiento de Jesús, pero Bach siempre lleva la vista puesta en la Pascua. De ahí que en ese momento, entre la Navidad y el inicio de la Cuaresma, se mueva entre dos aguas: la reminiscencia de la celebración del nacimiento del Salvador y la anticipación de su muerte y resurrección.

Es destacable en el recitativo el trabajo del libretista, que engarza los versos del coral original, cantados por el coro, con otros de cosecha propia, entonados por tenor, alto, soprano y bajo sucesivamente. Cabe afirmar que con esta disposición Bach prepara el terreno para el aria del propio bajo, que enlaza directamente con este recitativo.

En esta aria, Bach recupera la figura del intervalo descendente mencionada antes en la palabra Höllenangst, que podríamos traducir como “angustia infernal”. Con todo, lo más vistoso es que esta imagen se completa con un cromatismo descendente al final de angst. Pero no todo es dolor. Una vez más, Bach contrapone musicalmente las imágenes del pecado y la salvación, y en este caso lo hace de dos maneras. Por una parte, destacando la palabra Freundenhimmel, “alegría celestial” con un melisma exultante. Por otra, más sutil, usando un cromatismo ascendente para la palabra Schmerzen, pese a que esta significa “dolores”. ¿A qué viene, pues, una escala ascendente para acompañar algo triste, que a priori esperaríamos que siguiese viniendo con intervalos descendentes? Es sencillo: el texto no habla de los dolores en sí, sino que quedarán disueltos por el nombre de Jesús. De hecho, el verbo disolver se pone en música con un melisma que remite al de la palabra alegría. Así, en una aria que dura unos seis minutos, hemos pasado de la angustia del infierno a la alegría de los cielos gracias a que Jesús ha disuelto nuestros dolores, y cada uno de estos conceptos está claramente identificado en la música y se relaciona con los demás como un engranaje perfecto.

Dos voces para traernos esperanza

Tras un recitativo del tenor que ahonda en el tema de la salvación a través de Jesús, Bach nos regala un dúo en el que soprano y alto comparten protagonismo. Cuesta imaginar cómo lo debieron recibir los suscriptores de aquella primera edición de las obras de Bach. En aquél momento la ópera ya había hecho evolucionar las voces a la misma velocidad que cambiaron los instrumentos y las salas donde se escuchaba música, de manera que reencontrarse con una manera de usar las voces que requiere un enorme esfuerzo y escasa vistosidad (en comparación con las arias y los dúos que triunfaban entonces en los escenario) debió ser chocante. Estamos, en efecto, ante un dúo que requiere un trabajo orquestal y vocal preciso, que pone a prueba la afinación del conjunto a cada compás. Con todo, como pasa siempre con Bach, si el trabajo está bien hecho, el efecto es maravilloso.

Sin duda, este dúo debió llamar la atención a los estudiosos del siglo XIX. De algún modo, este fragmento parece escrito para ilustrar aquella célebre afirmación de Rousseau, según la cual es música barroca “aquella cuya armonía es confusa, cargada de modulaciones y disonancias, el canto duro y antinatural, la entonación difícil y el movimiento forzado”. Lo que al célebre pensador le debieron parecer defectos insoportables, para nosotros son, precisamente, las características que nos atraen de manera irresistible hacia la obra de Bach.

“Une musique baroque est celle dont l’harmonie est confuse, chargée de modulations et dissonances, le chant dur et peu naturel, l’intonation difficile, et le mouvement contraint”.

Rousseau, Dictionnaire de musique (1768)

Retomando el espíritu del dúo de oboes inicial, ahora son soprano y alto las protagonistas. El ambiente que desprende la introducción orquestal (cuerda, continuo y dos oboes), que inmediatamente repiten las cantantes con sus voces, es alegre, aunque el texto del primer verso no lo es: Wenn Sorgen auf mich dringen, “si las penas me oprimen”, dice. Esta alegría se justifica por aquella concepción del dolor que Bach hereda de sus lecturas teológicas, en el que éste aparece matizado por la esperanza en la salvación venidera. Pero atención a lo que pasa inmediatamente después: el verso se repite con la música transfigurada, y ahora los cantantes entonan una melodía en la que cobra nueva vida el recurso que ya hemos escuchado en toda la cantata: el cromatismo. Usándolo en este dúo, Bach crea un juego de consonancias y disonancias que nos tienen en vilo durante todo el número, en esa frontera tan minúscula que separa el dolor de la salvación.

Aquí viene a colación ahondar en la frase de Rousseau, que describe el canto en las obras bachianas como “duro y antinatural”. Aquí tenemos un ejemplo. Las voces compiten con los oboes, y los saltos y las escalas aparecen a cada momento, poniendo a prueba a cualquier cantante. No contento con eso, Bach introduce sucesivamente en el pentagrama de cada cantante un contrasujeto con tiempo de corcheas que podría haber escrito sin problemas para el pedal de una obra para órgano, con las notas que reclaman una interpretación en stacatto, marcando el tempo y sosteniendo la armonía a la vez.

En medio de este imbricado juego de cromatismos, saltos, disonancias y alardes vocales, de repente los dos cantantes dejas de competir entre ellos y con los oboes, y todos se unen para dar solemnidad homofónica al verso final del dúo: Es dient zum besten allezeit, “será siempre para lo mejor”. ¿Qué ha sucedido aquí? ¿A qué viene esta especie de parón repentino? Bach, en connivencia con el libretista nos está diciendo que llegamos al final de la cantata. Este verso vuelve a ser uno de los que encontramos en el coral que escuchábamos al principio de la cantata, concretamente el último verso de antes de la última estrofa. Ideal, pues, para hacer lo que hace Bach: aprovecharlo para enlazar con la última parte de la cantata, una pieza homofónica sobre la última estrofa del coral que ha sido glosado durante el resto de la obra.

LECTURAS BÍBLICAS A LAS QUE SE REFIERE LA CANTATA BWV 3

Romanos, 12: 6-16

Y puesto que tenemos dones diferentes según la gracia que Dios nos ha otorgado, a quien haya concedido hablar en su nombre, hágalo sin apartarse de la fe; el que sirve, que lo haga con diligencia; el que enseña, con dedicación; el que exhorta, aplicándose a exhortar; el encargado de repartir a los necesitados, hágalo con generosidad; el que preside, con solicitud; y el que practica la misericordia, con alegría. No hagáis de vuestro amor una comedia. Aborreced el mal y abrazad el bien. Amaos de corazón unos a otros como hermanos y que cada uno aprecie a los otros más que a sí mismo. Si se trata de esforzaros, no seáis perezosos; manteneos espiritualmente fervientes y prontos para el servicio del Señor. Vivid alegres por la esperanza, animosos en la tribulación y constantes en la oración. Solidarizaos con las necesidades de los creyentes; practicad la hospitalidad; bendecid a los que os persiguen y no maldigáis jamás. Alegraos con los que están alegres y llorad con los que lloran. Vivid en plena armonía unos con otros. No ambicionéis grandezas, antes bien poneos al nivel de los humildes. Y no presumáis de inteligentes.

Juan, 2: 1-11

Tres días después tuvo lugar una boda en Caná de Galilea. La madre de Jesús estaba invitada a la boda, y lo estaban también Jesús y sus discípulos. Se terminó el vino, y la madre de Jesús se lo hizo saber a su hijo:

— No les queda vino.

Jesús le respondió:

— ¡Mujer! ¿Qué tiene que ver eso con nosotros? Mi hora no ha llegado todavía.

Pero ella dijo a los que estaban sirviendo:

— Haced lo que él os diga.

Había allí seis tinajas de piedra, de las que utilizaban los judíos para sus ritos purificatorios, con una capacidad de entre setenta y cien litros cada una. Jesús dijo a los que servían:

— Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.

Una vez llenas, Jesús les dijo:

— Sacad ahora un poco y llevádselo al organizador del banquete.

Así lo hicieron, y en cuanto el organizador del banquete probó el nuevo vino, sin saber su procedencia (sólo lo sabían los sirvientes que lo habían sacado), llamó al novio y le dijo:

— Todo el mundo sirve al principio el vino de mejor calidad, y cuando los invitados han bebido en abundancia, se saca el corriente. Tú, en cambio, has reservado el mejor vino para última hora.

Jesús hizo este primer milagro en Caná de Galilea. Manifestó así su gloria y sus discípulos creyeron en él.

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